El día de los Muertos en México

En México, la celebración del Día de Muertos tiene una gran tradición. Se lleva a cabo los días 1 y 2 de noviembre. La mayoría de los antropólogos e historiadores concuerdan en que esta festividad surgió como resultado de la mezcla de la tradición católica europea y las costumbres prehispánicas.

dia de los muertos

Actualmente, por todo el territorio mexicano, más de cuarenta grupos étnicos recuerdan a los muertos en estas fechas. Cada uno celebra este acontecimiento con un enfoque distinto. Por lo tanto, no podemos decir que se trate de una celebración nacional homogénea. Más bien, la diversidad de tradiciones, rituales, creencias y expresiones artísticas que caracterizan a cada zona de México ha dado lugar a distintas manifestaciones de la misma fiesta.

Por otro lado, hay zonas del país donde esta festividad no tiene raíces históricas. Pero esto no ha impedido que se lleven a cabo celebraciones con un estilo más libre y moderno.

Origen e historia del Día de Muertos

Antes de la llegada de los españoles, distintos grupos indígenas rendían culto a sus antepasados fallecidos. A pesar de las diferencias en sus rituales fúnebres, todas las etnias compartían una creencia en común: que las personas siguen viviendo como seres espirituales tras la muerte del cuerpo, y que los vivientes pueden hacer algo para ayudarles a alcanzar la mejor existencia posible. De hecho, esta ideología es sorprendentemente similar a la doctrina del alma inmortal, acuñada por la iglesia católica.

El pueblo mexica tenía dos celebraciones relacionadas con la muerte. La primera era la Miccailhuitontli o Fiesta de los Muertecitos. Durante veinte días, recordaban a los niños fallecidos. Las fiestas comenzaban en agosto, cuando un gran árbol era traído del bosque para quitarle la corteza y adornarlo con flores. El resto de los difuntos recibían honra en la Ueymicailhuitl o Fiesta Grande de los Muertos. Se efectuaba justo después de la Miccailhuitontli.

En ambas ocasiones, los vivientes preparaban ofrendas para sus seres queridos. Colocaban en ellas elementos que, en su opinión, los ayudarían a acceder al reino de Mictlán. Esta “región” era considerada la antesala de Tlalocan, el cielo mexica. La ofrenda consistía en dinero, agua, aves, cacao, semillas, frutas, alimentos preparados y velas encendidas. Así, el fallecido sería capaz de satisfacer su hambre y su sed, abrirse paso en medio de la oscuridad y pagar su derecho para cruzar el río que lo llevaría a su destino.

El Impacto de la Ocupación en el Día de los Muertos

Una vez que los europeos ocuparon el territorio correspondiente al México actual, los evangelizadores, en su afán de convertir a la población nativa a la religión católica, fusionaron las fiestas locales con las eclesiásticas. De acuerdo con el calendario católico, los días 1 y 2 de noviembre se celebran el Día de Todos Santos y el Día de los Fieles Difuntos, respectivamente.

Los habitantes de la Nueva España continuaron con la costumbre mexica de recordar a los niños y a los mayores difuntos en ocasiones distintas. La práctica de ofrecer alimentos y objetos valiosos también permaneció. Lo que habría de cambiar son los tiempos: ahora solo se destinarían los primeros dos días de noviembre para estas celebraciones. Poco a poco, otras tradiciones europeas y prehispánicas se fusionaron entre sí. Además, la creación de cementerios a mediados del siglo XIX dio lugar a la costumbre de visitar a los seres queridos y adornar sus tumbas con flores y velas, de forma parecida a un altar.

La Calavera Garbrancera de José Guadalupe Posada

Algunos elementos modernos de esta fiesta solo se pueden entenderse si se conoce la obra de José Guadalupe Posada, caricaturista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sus irreverentes representaciones de la muerte en situaciones cotidianas, ataviada en algunas ocasiones como una dama de sociedad y, en otras, como un humilde campesino, lo inmortalizaron como el artista del pueblo. Estos grabados han causado una honda impresión hasta el día de hoy.

Su creación más popular fue La Calavera Garbancera, rebautizada por el muralista Diego Rivera como La Catrina. En dicho grabado, la muerte aparece con un elegante sombrero. Esta imagen constituye una crítica a las personas pobres de origen indígena que intentaban imitar el estilo de vida de la clase europea adinerada. Se atribuye a él la impecable frase: “La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. Sin saberlo, el maestro Posada le dio al Día de Muertos el toque humorístico que lo caracteriza en la actualidad.

El 7 de noviembre de 2003 la Unesco declaró la celebración del Día de Muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Con la obtención de este título, el gobierno de México y la Unesco adoptaron un compromiso: impedir que las tradiciones de esta festividad mexicana se vayan perdiendo como resultado de la influencia extranjera y la modernización de la sociedad.

Principales costumbres del Día de Muertos

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Las costumbres, rituales, creencias y hasta los días destinados a la celebración del Día de Muertos varían de un lugar a otro.

En el Estado de México, el 31 de octubre se realiza la limpieza y decoración de las tumbas de los infantes y, un día después, se hace lo propio con los mausoleos y lápidas de los adultos. Grupos de música regional mexicana amenizan la ocasión. En Toluca, la capital, se pueden ver enormes figuras desfilando por sus principales calles. Algunas obras son alusivas a la celebración. Tal es el caso de las catrinas. Otras representan personajes y elementos característicos del folclore mexicano.

La comunidad tlaxcalteca de San Isidro Buen Suceso llama la atención por sus festividades de una semana de duración. A partir del 28 de octubre, se aparta un día para recordar a distintos tipos de difuntos. El primer día se destina a la memoria de los que murieron en un accidente. Se coloca una cruz ornamentada con flor de cempasúchil y una vela encendida en el sitio del infortunio. Además, los familiares disponen en su hogar una ofrenda con la comida favorita y algunos objetos personales del fallecido.

Al día siguiente se conmemora a los bebés, nacidos o no, que perdieron la vida antes de ser bautizados. Los padres acostumbran colocar flores de nube blanca y cempasúchil en su tumba, y pan, leche, agua y juguetes en el altar doméstico. El 31 de octubre es para los que fallecieron antes de los doce años, y el 1 de noviembre, para los mayores de doce años que perecieron en forma natural. Finalmente, el 2 de noviembre se recogen las ofrendas de los muertos y se llevan a los familiares y padrinos de bautismo, quienes las reciben a cambio de un obsequio.

La Ofrenda de los Angelitos

Los niños fallecidos también tienen una festividad especial en Acaquizapan, Oaxaca. El primer día de noviembre, pequeñas canastas se llenan naranjas, mandarinas, manzanas, y unos panes típicos. La canasta se cubre con una hoja de zapote. El toque final es una vela con el nombre del infante. A este arreglo se le conoce como la ofrenda de los angelitos.

La comunidad de San Juan Chamula forma parte del estado de Chiapas. El 1 de noviembre los lugareños colocan su ofrenda con suficientes porciones para los difuntos que esperan recibir. Después, acuden a la Iglesia del Santo Patrono para “despertar” a las almas con el sonido de las campanas. Finalmente, se dirigen al panteón.

Al día siguiente, los habitantes de esta localidad realizan algunos rituales que, según ellos, ayudarán a sus seres queridos a volver al sitio de donde vinieron. Comienzan dándole tres vueltas al cementerio, mientras repiten: “ya pasó tu fiesta, ya pasó tu celebración, ya te traje a tu casa”. Por último, colocan velas y cirios encendidos sobre las tumbas, con el argumento de que esto iluminará el camino de los espíritus en su regreso a casa.

La celebración del Día de Muertos en Michoacán llama la atención por la solemnidad que la caracteriza. Destacan los rituales que, con motivo de esta ocasión, se llevan a cabo en la isla de Janitzio. En la medianoche del 1 de noviembre, mujeres y niños se adentran tranquila y respetuosamente al cementerio para colocar servilletas bordadas, comida, numerosas velas y ofrendas florales en el sitio donde sus familiares fueron enterrados. De esta manera, convierten las tumbas en un altar. A continuación, proceden a rezar y a entonar canciones purépechas compuestas para la ocasión. Mientras tanto, los hombres observan a distancia lo que ocurre en el panteón.

El Halloween, festividad de procedencia extranjera, se ha “mexicanizado” en algunos lugares. Por ejemplo, en Zacatecas es común ver a los niños de casa en casa el 2 de noviembre en la noche. Disfrazados de calaveras, muertos vivientes, brujas y monstruos, piden “el muerto” (dulces o dinero) mientras entonan algunas rimas.

Calaveritas: emblema de la fiesta

En México, el término “calaveritas” tiene connotaciones literarias, artísticas y gastronómicas. En los tres casos está intrínsecamente relacionado al Día de Muertos.

Puede tratarse de versos humorísticos que simulan ser epitafios. Pero hay que destacar que las personas a las que se les dedica la calaverita aún están vivas. Generalmente, los objetos de semejante composición son celebridades y personajes públicos.

Las calaveritas también son grabados y esculturas de un esqueleto humano personificado. Están vestidas principalmente con prendas de la época colonial y su rostro expresivo denota regocijo. Se inspiran, si no son copias, en las caricaturas de José Guadalupe Posada.

Por último, hay un dulce que recibe ese mismo nombre. Se trata de una figura de un cráneo elaborada a base de azúcar, amaranto, chocolate o grenetina. Es un elemento infaltable del altar de muertos. Su origen se remonta al tiempo en el que las civilizaciones precolombinas colocaban cráneos humanos en sus altares.

En cualquiera de sus acepciones, las calaveritas son una prueba tangible del espíritu moderno de la fiesta. En un esfuerzo por aceptar la muerte como parte de la vida, se habla de ella y se representa con cierto desenfado e insolencia.

El profundo significado del altar de muertos

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Un altar u ofrenda de muertos puede tener muchos elementos, cada uno con un significado especial. Muchas familias mexicanas colocan uno en su hogar poco antes de que finalice el mes de octubre. En plazas, parques y espacios púbicos de varios pueblos y ciudades, también se instalan ofrendas, algunas de ellas espléndidas.

Un altar suele tener dos o tres o siete niveles. Esta estructura nos recuerda a una pirámide. Los de dos niveles representan la división entre el cielo y tierra. Un nivel adicional hace alusión al inframundo o el purgatorio. Los tres escalones también se relacionan con la doctrina católica de la Santísima Trinidad.

Por último, los siete niveles de algunos altares son un símbolo de los estadios por los que supuestamente debe pasar el alma antes de llegar a su lugar de descanso eterno. También se relacionan con los siete pecados capitales.

Las Calaveritas de azúcar

Las calaveritas de dulce tienen el nombre del difunto. Algunas personas colocan calaveritas con su nombre o el de un conocido que todavía está vivo. Esta es considerada una especie de broma discreta y, a la vez, es un recordatorio del destino que le espera a todos.

El Pan de Muerto

El pan de muerto suele tener forma redonda o de cráneo. Además, unos huesos hechos con la misma masa adornan el pan. Cuando sale del horno, se espolvorea con azúcar. Hay diversas hipótesis relativas al significado de este pan.

Algunos historiadores consideran que los españoles promovieron su uso y su aspecto antropomórfico como un reemplazo y representación de los sacrificios humanos que ofrecían los indígenas. Otros lo ven como un símbolo de la eucaristía introducido por los evangelizadores católicos. Finalmente, algunos expertos consideran que su origen se remonta a las ceremonias de los primeros pobladores de Mesoamérica, quienes consumían un pan con características similares al actual como parte de un ritual fúnebre.

Las flores de Cempasúchil

El uso de las flores de cempasúchil en ofrendas no es una invención reciente, ni mucho menos. Estas flores eran la decoración por excelencia de los altares mexicas. De color amarillo intenso, se consideraban una representación adecuada del resplandor del sol, una luz que guía a los difuntos en su camino a “casa”.

En la parte superior del altar se coloca un retrato del difunto. Se basa en la creencia de que el alma del ser querido visitará su altar la noche el 2 de noviembre. La imagen se coloca frente a un espejo, de manera que los deudos sean capaces de ver el reflejo del fallecido y este, a su vez, pueda verlos a ellos cuando se presente en forma invisible.

El Purgatorio

Según la tradición católica antigua, el purgatorio era una región invisible donde se encontraban las almas de las personas que no habían sido lo suficientemente buenas para merecer el cielo, pero tampoco habían cometido pecados tan graves como para ser enviados al infierno.

Era, por lo tanto, un punto intermedio entre ambos lugares, y los familiares con vida podían ayudar al difunto a acceder al cielo. Una forma de hacerlo consistía en colocar una pintura de las Ánimas del Purgatorio. Aunque la iglesia católica ha cambiado recientemente su punto de vista sobre el purgatorio, la costumbre de colocar esta imagen en los altares aún prevalece.

Normalmente, se colocan doce cirios o veladoras en la ofrenda. El número puede ser inferior, pero es costumbre colocarlos en pares. Se utilizan para alumbrar el camino de los muertos en su viaje de regreso. También es costumbre colocar cuatro cirios en forma de cruz, que representan los cuatro puntos cardinales. Se cree que ayuda al difunto a orientarse al momento de su partida.

La simbología de la Cruz en el Día de los Muertos

La cruz es un elemento netamente católico introducido por los colonizadores. Originalmente se dibujada con ceniza, y constituía un recordatorio para los indígenas de que ‘polvo eran, y al polvo volverían’. Actualmente, la cruz se coloca a un lado de la imagen del difunto y puede hacerse de ceniza, sal, tierra o cal.

Figuritas de Papel Picado

El papel picado es una artesanía hecha de papel de China con recortes que le dan forma de esqueletos y calaveritas. Recuerda a los participantes que el Día de Muertos es una ocasión festiva. El papel ya era utilizado en los altares aztecas, aunque se elaboraba a partir de la corteza de cierto árbol. En estos pliegos se dibujaban representaciones de las deidades.

Agua y Víveres para los Difuntos

En el altar se coloca un vaso de agua con el objetivo de que el muerto calme su sed cuando llegue después de una largo viaje desde la región espiritual. El agua es también un símbolo adecuado de la pureza y la regeneración de la vida.

En la ofrenda se disponen las comidas y bebidas de las que más disfrutaba el festejado antes de fallecer. El tequila, la cerveza, el mezcal y el pulque son las principales bebidas que se sirven en el altar.

Importancia económica del Día de Muertos

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Muchas tradiciones tan conocidas en el centro y sur del país, son ajenas a los mexicanos que habitan en el norte, donde esta festividad no tiene mucho arraigo. Más desconocidas y, por tanto, atractivas son las costumbres de estas fechas para los extranjeros.

Desde hace años, el gobierno y las agencias de viajes vieron en las distintas celebraciones a los muertos una oportunidad de generar ingresos. Al darse cuenta del gran interés que despiertan su historia, su folclore y su espíritu festivo entre el público en general, comenzaron a promocionar como sitios turísticos aquellos lugares donde el Día de Muertos se festeja con especial fervor.

Actualmente, hay muchas comunidades que se convierten en foco de atención para los viajeros durante estos días. A este respecto, destacan varias localidades de los estados de Michoacán, México, Oaxaca y Chiapas.

En las grandes ciudades también se llevan a cabo grandes eventos con motivo del Día de Muertos. Tenemos el caso del Festival de las Calaveras en Aguascalientes, el desfile multitudinario de Catrinas en Guadalajara, y las emblemáticas celebraciones de Mixquic y Xochimilco, en la Ciudad de México.

Los comercios locales también se ven beneficiados en esta época del año. Los floristas se colocan a las afueras de los panteones, conscientes de que sus ventas aumentarán considerablemente. Los mercados y tiendas comercializan calaveritas, cirios, papel picado, y otros artículos. Y el pan de muertos se ofrece en las panadería de todo el país. Asimismo, talentosos artesanos decoran carros alegóricos y fabrican enormes figuras de calaveras, catrinas y otros personajes para los desfiles que se llevan a cabo en varios puntos de la República Mexicana.

Curiosidades del Día de Muertos

El Día de Muertos está tan ligado a México que numerosos programas de televisión, videojuegos películas y novelas han decidido retratar al país a través de esta celebración.

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La película Spectre, de la franquicia de James Bond, es digna de mención. Durante los primeros ocho minutos del filme se aprecia un magno desfile. Para grabar esta escena, se utilizaron 1500 extras vestidos de calaveras y catrinas. También se fabricaron monumentales esqueletos danzantes. El protagonista aparece cerca del Zócalo, en el centro de la Ciudad de México.

Otro dato curioso relacionado con el Día de Muertos ocurrió en 2013, cuando The Walt Disney Company se puso a sí misma en el ojo del huracán. El año anterior había anunciado que una película ambientada en la festividad mexicana formaba parte de sus proyectos. En su afán de proteger las futuras ventas de su película y sus productos relacionados con la misma, intentó patentar el nombre “Día de Muertos”, como si se tratara de una marca que ellos hubieron creado.

Cuando esta noticia se hizo pública se desató una fuerte polémica por parte de los usuarios de redes sociales, especialmente de origen mexicano. Al parecer, esto orilló a la compañía a retractarse, ya que desistió de continuar con su petición.

Mexicano hasta la médula, el Día de Muertos promete seguir siendo un importante legado cultural para las generaciones por venir.

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